Un cuento de pescadores y de un amor antiguo que arrastra a toda una comunidad cada mañana a esperar la salida del sol en medio del mar. L’hora blava que los fotógrafos tanto apreciamos: a prima llum.
Después de veinte años contando historias humanas, a través de más de 15 mil imágenes publicadas en revistas y periódicos de todo el mundo, me encuentro ante una de esas historias que no pueden contarse mirando de frente. Exige un cambio de foco capaz de ser sensible a los ritos silenciosos y los gestos invisibles transmitidos de padres a hijos a través del cuerpo y la repetición; a esas miradas de reojo hacia el horizonte marino, plano y silencioso, que parecen no mirar nada y lo están leyendo todo. Ahí se encuentran los códigos de una historia de amor que no se entrega a la mirada del visitante.