La montaña lunar
La montaña Lunar
¿Qué ocultan las tinieblas en su silencio, que tanto miedo nos da?
El miedo a veces actúa como un reclamo, una llamada de atención hacia aquella parte de la vida que la razón se esfuerza por ocultar.
Nos encontramos entonces frente al vértigo que provoca la llamada del abismo: ese miedo al vacío, que nace de la sospecha de que el vacío contiene la promesa de un mundo por descubrir.
Atendiendo a esa intuición y persiguiendo el rastro de uno de estos miedos, me encontraba caminando esa noche entre las tinieblas provocadas por las montañas que -momentáneamente- eclipsaban la luz de esa luna llena que marca el equinoccio de la primavera.
Tropezando entre las sombras de la montaña, cuando el frio muerde los dedos desnudos y mientras las pupilas se dilataban hambrientas de luz y las piernas continuaba adelante conducidas por la audacia del que ha perdido el miedo a perderse. Obedeciendo una llamada cuyo origen y destino desconocía, persiguiendo una intuición que decidí convertir en la brújula que me conduciría al lugar donde la razón todavía no sabe mirar. Y una vez allí -en cualquier lugar- detenerme por fin. Detenerme a escuchar
Así nace La montaña Lunar, una investigación artística sobre los estados nocturnos del paisaje y las formas de percepción que emergen cuando la razón, impuesta por la luz diurna, cede espacio a otras maneras de atender el mundo.
La luz lunar y su energía femenina devuelven el paisaje a un estado de gestación. Durante unas horas, las cosas dejan de agotarse en el nombre que les hemos dado y regresan al flujo del devenir. La montaña permanece, pero encuentra el lugar donde ser algo más que una montaña. La luz lunar revela la interconexión y eleva la mirada hacia el origen, al polvo de estrellas.
La larga exposición, realizada con respaldo digital de medio formato montado sobre una cámara técnica de 4×5, acompaña y registra ese tiempo de manera natural. La precisión del dispositivo y el conocimiento técnico del lenguaje fotográfico sostienen una mirada que se aleja de la representación y abre un espacio de donde los elementos pierden la forma individual del nombre que los encierra encontrando nuevas construcciones más allá de sus antiguos límites.
La fotografía recoge las señales de ese estado de gestación. Su propósito consiste en traer de regreso la experiencia del mundo cuando todo está por suceder, donde las cosas todavía conservan intacta cualquier posibilidad de ser